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VALORES

LECCIÓN DE LOBOS 

En una marcha de lobos a través del bosque, los primeros tres de la fila son los animales más viejos o enfermos, y de esta forma ajustan y calibran el ritmo de la marcha del grupo. LA MARCHA DE LOS LOBOS Si éstos caminaran al final de la fila sería un grave problema, podrian perder contacto con el resto y nadie se daría cuenta. Detrás de los primeros se ubican los cinco más fuertes y al centro los otros miembros de la manada. Al final, después de los otros cinco más fuerte y del grueso del grupo, el Lobo Alfa con mirada vigilante, controla todo. En esta posición el Lobo Alfa puede vigilar la marcha de la manada, decidir la dirección a seguir y anticiparse a los ataques de los oponentes. El grupo sigue tranquilamente el ritmo de los ancianos y el líder dá la orden que impone el espíritu de solidaridad, es decir sin dejar a nadie atrás. El verdadero sentido de la marcha no está en llegar primeros, sino llegar ... juntos ... y esta es la lección que todos deberíamos aprender. Los humanos, en nuestra infantil soberbia, hacemos al revés…ponemos a los más fuertes adelante y los más débiles al final. En total muestra de desconsideración, pensamos que si éstos pierden el tren de la marcha…no importa. Podemos reflexionar en consecuencia, que no siempre la naturaleza sigue la teoría de Darwin. Más bien somos nosotros los humanos, quienes solemos tomar actitudes zoológicas. — con Titaa Arreola y Pedro Arreola Villarreal.

LA CASA IMPERFECTA


Un maestro de construcción ya entrado en años estaba listo para retirarse a disfrutar su pensión de jubilación. Le contó a su jefe acerca de sus planes de dejar el trabajo para llevar una vida más placentera con su esposa y su familia. Iba a extrañar su salario mensual, pero necesitaba retirarse; ya se las arreglarían de alguna manera.
El jefe se dio cuenta de que era inevitable que su buen empleado dejara la compañía y le pidió, como favor personal, que hiciera el último esfuerzo: construir una casa más. El hombre accedió y comenzó su trabajo, pero se veía a las claras que no estaba poniendo el corazón en lo que hacía. Utilizaba materiales de inferior calidad, y su trabajo, lo mismo que el de sus ayudantes, era deficiente. Era una infortunada manera de poner punto final a su carrera.

Cuando el albañil terminó el trabajo, el jefe fue a inspeccionar la casa y le extendió las llaves de la puerta principal. "Esta es tu casa, querido amigo -dijo-. Es un regalo para ti".

Si el albañil hubiera sabido que estaba construyendo su propia casa, seguramente la hubiera hecho totalmente diferente. ¡Ahora tendría que vivir en la casa imperfecta que había construido!

Construimos nuestras vidas de manera distraída, reaccionando cuando deberíamos actuar, y sin poner en esa actuación lo mejor de nosotros. Muchas veces, ni siquiera hacemos nuestro mejor esfuerzo en el trabajo. Entonces de repente vemos la situación que hemos creado y descubrimos que estamos viviendo en la casa que hemos construido. Si lo hubiéramos sabido antes, la habríamos hecho diferente.

La conclusión es que debemos pensar como si estuviésemos construyendo nuestra casa. Cada día clavamos un clavo, levantamos una pared o edificamos un techo. Construir con sabiduría es la única regla que podemos reforzar en nuestra existencia. Inclusive si la vivimos sólo por un día, ese día merece ser vivido con gracia y dignidad.

La vida es como un proyecto de hágalo-usted-mismo. Su vida, ahora, es el resultado de sus actitudes y elecciones del pasado. ¡Su vida de mañana será el resultado de sus actitudes y elecciones de hoy!
* Contribución de Daniel Molina, 1ro de noviembre de 2001.

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